Bastardos sin Gloria (2009)
Título Original: Inglourious Basterds
Género: Acción, Comedia, Drama, Bélica
Fecha de Lanzamiento: 2009-09-03 Ver otros estrenos de Septiembre 2009
Duración: 153 minutos.
La historia comienza en Francia, durante la ocupación Alemana, cuando Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent) es testigo de la ejecución de su familia en manos del Coronel Nazi Hans Landa (Christoph Waltz). Shosanna logra escapar y se refugia en Paris, donde adopta una nueva identidad y comienza una n...
La historia comienza en Francia, durante la ocupación Alemana, cuando Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent) es testigo de la ejecución de su familia en manos del Coronel Nazi Hans Landa (Christoph Waltz). Shosanna logra escapar y se refugia en Paris, donde adopta una nueva identidad y comienza una nueva vida como propietaria y operadora de un cine.
Mientras tanto, en otro lugar de Europa, el Teniente Aldo Raine (Brad Pitt) organiza a un grupo de soldados judíos en misiones destinadas a impartir justo castigo. Bautizado por sus enemigos como “The Basterds,” el escuadrón de Raine recluta a la actriz, y agente encubierta alemana, Bridget Von Hammersmark (Diane Kruger) en una misión destinada a terminar con los líderes del Tercer Reich. El destino converge en una marquesina de cine, donde Shosanna se verá en la necesidad de ejecutar un plan de venganza por sus propios medios.
Director: Quentin Tarantino
Protagonistas: August Diehl, Paul Rust, Michael Bacall, Omar Doom, Sylvester Groth, Julie Dreyfus, Jacky Ido, Martin Wuttke, Mike, Gedeon Burkhard, Til Schweiger, B.J. Novak, Diane Kruger, Brad Pitt, Melanie Laurent, Christoph Waltz, Daniel Bruhl, Eli Roth, Samm Levine
Productor: Lawrence Bender
Guionista: Quentin Tarantino
Editor: Sally Menke
Creo que ser responsable de simplemente un largometraje genial basta para ganarse el derecho a ingresar al Olimpo del cine, ¿no? Y sin embargo hay quienes creen que realizar una película fabulosa no es mérito suficiente como para entrar en las grandes ligas lideradas por Hitchcock. Pues bien, aquí va mi declaración: Bastardos sin gloria es la confirmación de que desde hace ya mucho tiempo Quentin Tarantino merece ser considerado un nombre fundamental en la historia del séptimo arte.
Sólo a un hombre que sabe manejar la violencia y la ironía como este gran director podía ocurrírsele esta historia sobre un batallón paralelo del Ejército estadounidense compuesto íntegramente por agentes judíos durante la Segunda Guerra Mundial, dedicado exclusivamente a matar sin piedad a todo aquel nazi que se cruce en su camino.
Bastardos sin gloria nos ubica en la Francia ocupada por el Tercer Reich. Aquí el máximo jerarca nazi es el despiadado Hans “El cazador de judíos” Leer más Creo que ser responsable de simplemente un largometraje genial basta para ganarse el derecho a ingresar al Olimpo del cine, ¿no? Y sin embargo hay quienes creen que realizar una película fabulosa no es mérito suficiente como para entrar en las grandes ligas lideradas por Hitchcock. Pues bien, aquí va mi declaración: Bastardos sin gloria es la confirmación de que desde hace ya mucho tiempo Quentin Tarantino merece ser considerado un nombre fundamental en la historia del séptimo arte.
Sólo a un hombre que sabe manejar la violencia y la ironía como este gran director podía ocurrírsele esta historia sobre un batallón paralelo del Ejército estadounidense compuesto íntegramente por agentes judíos durante la Segunda Guerra Mundial, dedicado exclusivamente a matar sin piedad a todo aquel nazi que se cruce en su camino.
Bastardos sin gloria nos ubica en la Francia ocupada por el Tercer Reich. Aquí el máximo jerarca nazi es el despiadado Hans “El cazador de judíos” Landa -Christoph Waltz-, quien, como en el resto de Europa, ha llevado a todo vapor la sanguinaria maquina de matar a todo el que pertenezca al pueblo hebreo. A este país llega el grupo liderado por Aldo Reiner -Brad Pitt-, conocido bajo el mote de Los Bastardos, para cumplir con una misión que podría poner fin a la guerra misma: hacer volar por los aires el cine parisino a donde acudirá la cúpula Nazi entera, incluidos los mismísimos Hitler y Goebbels.
Ahora bien, los Bastardos no son los únicos que quieren aniquilar a los líderes nazis: la dueña de la sala es nada menos que Shosanna Dreyfus-Mélanie Laurent-, hija de una familia judía aniquilada por el antes mencionado Landa, y que ve cómo la casualidad la deja frente a la oportunidad de vengar a los suyos.
Las actuaciones son un tema aparte. Brad Pitt, Laurent y el resto del elenco cumplen sus tareas de forma magistral. Los personajes no sólo son creíbles, sino que contienen la pimienta necesaria para que cada uno de ellos (sobre todo los Bastardos) se grabe en nuestra memoria durante varios días.
Pero sin dudas el que se roba la película, el que opaca a todos desde su primera y hasta su última escena es Cristoph Waltz. El personaje de Landa es sencillamente fantástico, sádico y sereno como sólo un integrante de las SS podría haber sido. Si no le dan un Oscar sería realmente una vergüenza…
Si bien se toma un contexto real y situaciones verosímiles, que no queden dudas antes de ir al cine de que es una película absolutamente ficcional de principio a fin. Es más, estoy seguro de que habrá muchos que saldrán horrorizados con la propuesta de Tarantino -aunque pensándolo bien, ¿cuándo no ha sucedido eso con este director?-. Más allá de la espectacularidad y la tantas veces mencionada “ultraviolencia”, una digestión posterior invita a la reflexión sobre lo que pasó y lo que pudo haber pasado. Si el que lee es un fanático de QT, créame, saldrá con una sensación de satisfacción absoluta.
Quisiera retomar lo dicho al principio respecto de que Tarantino es uno de los grandes, y fundamentarlo con cuestiones estrictamente matemáticas: Perros de la Calle, Pulp Fiction, Kill Bill y ahora Bastardos sin gloria. 4 películas geniales en 20 años de carrera. Si estimamos arbitrariamente la vida útil de un director hasta los 65 años y tenemos en cuenta que tiene 46 recién cumplidos, quiere decir que nos quedan otros 20 por venir. ¡Que afortunados somos de ser contemporáneos a un director como éste! ¡Loado sea QT!
Fuente: Comunar - M. Lipszyc
El director de Perros de la calle, Tiempos violentos y Kill Bill narra en varios capítulos el sangriento accionar de una docena de soldados judíos liderados por el teniente Aldo Raine (Brad Pitt), que combaten a los nazis con tanto sadismo que, emulando a los apaches, terminan cortándole el cuero cabelludo a cada una de sus víctimas. Este batallón de elite se unirá luego a una joven de la resistencia francesa dueña de una sala (Mélanie Laurent) y a una estrella del cine alemán convertida en espía de los aliados (Diane Kruger) para organizar un atentado contra los jerarcas del Tercer Reich (Hitler, Goebbels y Göring incluidos) durante la première en París de un film de propaganda.
Para no pocos espectadores, esta apuesta revisionista de Quentin Tarantino podrá resultar bastante irrespetuosa (algunos columnistas hablaron de un director amoral) porque se mete nada menos que con el Holocausto y se anima a reescribir la historia con absoluto desparpajo y muy poca correcci Leer más El director de Perros de la calle, Tiempos violentos y Kill Bill narra en varios capítulos el sangriento accionar de una docena de soldados judíos liderados por el teniente Aldo Raine (Brad Pitt), que combaten a los nazis con tanto sadismo que, emulando a los apaches, terminan cortándole el cuero cabelludo a cada una de sus víctimas. Este batallón de elite se unirá luego a una joven de la resistencia francesa dueña de una sala (Mélanie Laurent) y a una estrella del cine alemán convertida en espía de los aliados (Diane Kruger) para organizar un atentado contra los jerarcas del Tercer Reich (Hitler, Goebbels y Göring incluidos) durante la première en París de un film de propaganda.
Para no pocos espectadores, esta apuesta revisionista de Quentin Tarantino podrá resultar bastante irrespetuosa (algunos columnistas hablaron de un director amoral) porque se mete nada menos que con el Holocausto y se anima a reescribir la historia con absoluto desparpajo y muy poca corrección política. Pero, al mismo tiempo, debe reconocérsele al realizador -uno de los más personales y talentosos del Hollywood contemporáneo- que emprende su titánica empresa a través de una película tan desbordante y ambiciosa como fascinante y audaz, en la que apela para esta suerte de venganza personal al medio que más ama y mejor conoce: el propio cine.
Esta fantasía surrealista y caprichosa de tono épico y espíritu tragicómico, este cuento de hadas macabro y operístico, alterna notables secuencias (incluida la del desenlace) con otros pasajes en que los diálogos -todos con el sello ingenioso de Tarantino- se estiran demasiado (la escena inicial es un diálogo de casi 25 minutos). La violencia extrema y el humor negro están presentes en fuertes dosis, y entre los múltiples intérpretes de diversos orígenes y registros se destaca la extraordinaria aparición del austríaco Christoph Waltz (consagrado como mejor actor en el reciente Festival de Cannes), en el papel del despiadado coronel Landa, que enfrenta a los "bastardos sin gloria" del título y se luce hablando en inglés, alemán, francés e italiano: un malvado a la altura de las grandes películas de la historia del cine.
Icono de la cultura pop, profeta para legiones de cinéfilos y melómanos durante las dos últimas décadas, Tarantino regala un festival de guiños, referencias y homenajes para sus incondicionales seguidores. No tiene demasiado sentido enumerarlos todos (desde los spaghetti-westerns de su admirado Sergio Leone hasta el género bélico en la línea de Los doce del patíbulo , pasando por el cine de Leni Riefensthal), pero sí vale indicar que en su apuesta musical queda resumida su amplitud de gustos y criterios: desde varias composiciones que Ennio Morricone concibió para otros films hasta un anacronismo como el tema "Putting Out Fire", de David Bowie. Tradición y modernidad en estado puro. La mejor forma de acercarse a ese enigma llamado Quentin Tarantino.
Diego Batlle
Fuente: La Nación - D. Batlle Página 12 - L. Monteagudo
Aunque no la mejor de sus películas, Bastardos sin gloria seguramente sea la más compleja de Quentin Tarantino, la más difícil de asir, aquella en la que es más arduo adivinar sus verdaderas intenciones y situar su punto de vista ético. ¿Se trata de una celebración del poder reparador de la ficción o una mera fantasía pueril sobre la venganza? ¿Es una farsa sobre las películas bélicas o el intento de reescribir la historia tal como la conocemos? ¿Propone al cine como un arma todavía hoy capaz de ser explosiva e incendiaria o se burla de su supuesto poder subversivo? ¿Va en broma o va en serio? Quizás en esa inquietante indefinición, en su ambigüedad esencial, esté el mayor valor de una película que, si a algo se resiste, es a una lectura literal y unívoca de su discurso.
En primer lugar, Bastardos sin gloria es una de las pocas revisiones del cine de género (o de subgénero) que todavía le quedaban por abordar al director de Pulp Fiction: la de un comando sui Leer más Aunque no la mejor de sus películas, Bastardos sin gloria seguramente sea la más compleja de Quentin Tarantino, la más difícil de asir, aquella en la que es más arduo adivinar sus verdaderas intenciones y situar su punto de vista ético. ¿Se trata de una celebración del poder reparador de la ficción o una mera fantasía pueril sobre la venganza? ¿Es una farsa sobre las películas bélicas o el intento de reescribir la historia tal como la conocemos? ¿Propone al cine como un arma todavía hoy capaz de ser explosiva e incendiaria o se burla de su supuesto poder subversivo? ¿Va en broma o va en serio? Quizás en esa inquietante indefinición, en su ambigüedad esencial, esté el mayor valor de una película que, si a algo se resiste, es a una lectura literal y unívoca de su discurso.
En primer lugar, Bastardos sin gloria es una de las pocas revisiones del cine de género (o de subgénero) que todavía le quedaban por abordar al director de Pulp Fiction: la de un comando suicida durante la Segunda Guerra Mundial. Si en su ópera prima, Perros de la calle. fue el film noir, en Jackie Brown el denominado “blaxploitation”, en Kill Bill las películas hongkonesas de artes marciales y en Death Proof el film de horror y las road movies, aquí en Inglorious Basterds su excusa son los típicos men on a mission, un grupo de descastados a la manera de los de Doce del patíbulo, dispuestos a morir con tal de matar a todos los nazis que se les crucen en el camino, incluido el mismísimo Führer.
“Erase una vez en... la Francia ocupada por los nazis”, se lee en el prólogo del film, casi como si fuera un título. Y la explícita referencia a los spaghetti westerns de Sergio Leone no es gratuita: la película comienza efectivamente como un western, con una pacífica granja en el medio de una pradera (francesa) a la que no tarda en llegar por un camino polvoriento una partida de villanos vestidos de negro, que no montan a caballo, sino a bordo de unos ominosos Mercedes-Benz de la época. La banda de sonido también se suma a esa mixtura de géneros, con unos ecos de “Para Elise” a los que se superponen unas guitarras que parecen salidas de la pródiga pluma de Ennio Morricone (los créditos finales citan casi una decena de sus composiciones). Esa mélange de géneros y estilos, que va del film de acción a la comedia farsesca, de Robert Aldrich a Ernst Lubitsch (hay más de un eco de Ser o no ser), será de allí en más la nota dominante de una película, como todas las de Tarantino, audaz, desmesurada, estructuralmente barroca, pero en este caso más irregular que nunca, con grandes momentos que, sin embargo, nunca alcanzan a conformar una gran película.
Dividida en cinco capítulos, Bastardos sin gloria –un título que Tarantino tomó prestado a una película bélica que el realizador italiano Enzo Castellari filmó hace tres décadas y que aquí se llamó Aquel maldito tren blindado– narra varias historias simultáneas, que van confluyendo entre sí hasta un final que, literalmente, se cristaliza a sangre y fuego. Del lado de los héroes están los temidos “Basterds” (escrito por ellos con “e” y no con “a”, quizá para darles un carácter aún más amenazador), un grupo comando liderado por el teniente Aldo Raine (Brad Pitt, como un improbable sureño de sangre aborigen) e integrado por combatientes estadounidenses de origen judío, dispuestos a vengarse de cada nazi que atrapen arrancándoles el cuero cabelludo, a la vieja manera de los indios. No por nada al teniente Raine le dicen “Apache”, así como al siniestro coronel Landa (impresionante Christoph Waltz, que se roba la película) lo llaman “Jew Hunter”, porque ningún judío es capaz de escapar de su desarrollado olfato de cazador. Salvo Shoshanna Dreyfus (Mélanie Laurent), única sobreviviente de una familia exterminada personalmente por Landa y que llega a administrar la sala de cine donde tendrá lugar el grand finale, una ucronía que no conviene revelar en su totalidad, a pesar de que ha sido más difundida de lo que debería, considerando que se trata del clímax del film. Baste con decir que esos 40 minutos finales están entre lo mejor de la película y que incluyen una perturbadora puesta en abismo: una sala repleta de nazis riendo felices de una película que celebra una violencia equivalente a la que (con distinto signo, claro) se supone también disfrutarán los espectadores de... Bastardos sin gloria.
Rodada en su mayor parte en los estudios Babelsberg de Berlín, con actores estadounidenses, alemanes y franceses y hablada simultáneamente en tres idiomas (además de una graciosa escena en italiano), Inglorious Basterds es quizá la película más explícitamente cinéfila de Tarantino, lo que no es decir poco. Hay constantes referencias a Leni Riefenstahl y a Georg Wilhelm Pabst, se lo ve al legendario actor Emil Jannings conversando jocosamente con el mariscal Hermann Göring, y hasta hay un “basterd” que en su vida civil era crítico de cine y habla excelente alemán gracias a su profundo conocimiento de la cinematografía de ese país, al punto de que le explica al mismísimo Churchill –en uno de esos diálogos que sólo Tarantino parece capaz de escribir– por qué el ministro de propaganda Joseph Goebbels tiene más similitudes con el productor David O. Selznick que con el zar de la Metro, Louis B. Mayer.
El problema de Bastardos sin gloria quizá sea precisamente ése, que sus diálogos, su guión se imponen por primera vez a la puesta en escena. La escritura siempre fue fundamental en Tarantino, el pilar de todos y cada uno de sus films, al extremo de que empieza los ensayos leyendo en voz alta los textos de todos y cada uno de sus personajes. Pero este guión, con el que venía trabajando hacía casi diez años, luce como una serie de escenas sueltas, algunas incluso reiterativas (los duelos de miradas de saloon, que preanuncian la violencia), a las que esta vez Tarantino no les supo dar el brillo acrobático de Kill Bill o el vértigo mecánico de Death Proof.
Por Luciano Monteagudo
Fuente: Página 12 - L. Monteagudo Cines Argentinos - Chandler
Es raro, pero cuando uno escribe sobre una película muy esperada, por lo general termina diciendo porque no es excelente, mas que hablar de lo bueno que se hizo.
Muchas personas quieren a Tarantino, porque definitivamente es un tipo diferente, y ha hecho cosas increíbles y que han marcado épocas.
Para mi la idea de que haga algo con la segunda guerra mundial, y explotando el lado de loquito de Brad Pitt, que tanto le gusta hacer, era maravilloso.
La película tiene un arranque genial, con los climas y charlas que nos tiene acostumbrados don Quentin. Ahí desde el vamos se destaca el austríaco Christoph Waltz de manera soberbia con una escena larga que tiene mucha tensión solo con dos personas.
Es muy loco, pero una semana después de Bastardos sin gloria se estrena La piedra mágica, de su “hermano” Robert Rodríguez”, siendo que en USA se estrenaron juntas, y los puntos en común son notables. Obvio, los dos están mal del marote, pero desde el vamos coinciden con los Leer más Es raro, pero cuando uno escribe sobre una película muy esperada, por lo general termina diciendo porque no es excelente, mas que hablar de lo bueno que se hizo.
Muchas personas quieren a Tarantino, porque definitivamente es un tipo diferente, y ha hecho cosas increíbles y que han marcado épocas.
Para mi la idea de que haga algo con la segunda guerra mundial, y explotando el lado de loquito de Brad Pitt, que tanto le gusta hacer, era maravilloso.
La película tiene un arranque genial, con los climas y charlas que nos tiene acostumbrados don Quentin. Ahí desde el vamos se destaca el austríaco Christoph Waltz de manera soberbia con una escena larga que tiene mucha tensión solo con dos personas.
Es muy loco, pero una semana después de Bastardos sin gloria se estrena La piedra mágica, de su “hermano” Robert Rodríguez”, siendo que en USA se estrenaron juntas, y los puntos en común son notables. Obvio, los dos están mal del marote, pero desde el vamos coinciden con los capítulos dentro de la historia.
Hay muchos capitulos de Bastardos que están buenos, y creo que toda la película hasta faltando 40 minutos para el final me tuvo entusiasmado.
Todas las actuaciones son brillantes, y es notable como elige a distintos actores, de tantas nacionalidades y hace un gran orquesta.
Por mi parte hubiera esperado mucha acción más, ya que viendo lo que hizo en Kill Bill, trasladadas esas coreografías a la segunda guerra hubiera sido genial.
Incluso tiene una escena, la del bar, donde parece hecha por los hermanos Coen… no parece Tarantino!.
Y en los minutos finales es como cuando Marty McFly agarra la guitarra, le sale todo bien, pero de golpe patea los parlantes comienza a distorsionar y todos se lo quedan mirando.
Obvio esto es algo totalmente personal, no le pido que haga una película fiel como Valquiria, pero me hubiera gustado creer que todo era posible.
Si te gusta Tarantino, obvio que la vas a pasar bien, porque así disfruté yo, pero con las horas y el análisis tranqui bajé unos cuantos cambios.
Con tantos pergaminos, simplemente esperaba algo más, y que estuviera a la altura de las otras. Para ver definitivamente en el cine.
Fuente: Cines Argentinos - Chandler