El Secreto de sus Ojos (2009)
Título Original: El Secreto de sus Ojos
Género: Drama, Romance
Fecha de Lanzamiento: 2009-08-13 Ver otros estrenos de Agosto 2009
Duración: 130 minutos.
Basada en la novela "La Pregunta de sus Ojos" de Eduardo Sacheri.
Benjamín Chaparro acaba de jubilarse después de trabajar toda una vida como empleado en un Juzgado Penal. Para ocupar su tiempo libre decide escribir una novela, basada en una historia real de la que ha sido testigo y protagonista...
Basada en la novela "La Pregunta de sus Ojos" de Eduardo Sacheri.
Benjamín Chaparro acaba de jubilarse después de trabajar toda una vida como empleado en un Juzgado Penal. Para ocupar su tiempo libre decide escribir una novela, basada en una historia real de la que ha sido testigo y protagonista. La novela que escribe es, en apariencia, la historia de un asesinato ocurrido en Buenos Aires en 1974, y de la investigación para hallar al culpable. Pero una vez abierta la puerta de ese pasado al propio Chaparro se le volverá imposible cerrarla. Primero, porque la turbulenta Argentina de entonces se cuela en la vida de los personajes, con su carga de violencia y de muerte. Y, sobre todo porque aunque Chaparro suponga que la historia que teje habla únicamente del pasado, su búsqueda ilumina de un modo descarnado su propia vida y su presente, y lo pone de frente con un dilema de amor que lo obsesiona desde hace demasiado tiempo. Reconstruir el pasado lo conducirá a bucear en sus propios sentimientos, sus propias conductas y decisiones. Y hallar la verdad terminará por convertirse no en un objetivo literario, sino en la llave que le permita abrir la puerta para vivir el resto de su vida.
Director: Juan José Campanella
Protagonistas: Pablo Rago, Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella
Guión: Eduardo Sacheri, Juan José Campanella
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La Nación - A. C. Martínez
Juan José Campanella se aparta de los prototipos urbanos, de las historias cálidas y simples de sus anteriores películas, pero mantiene el deseo de reflejar una galería humana que trata de resolver sus problematizadas existencias, vistas a través de diversos ángulos en los que el misterio cumple un rol de significativa importancia.
El eje central de este thriller es Benjamín Espósito, un solitario sesentón que acaba de jubilarse como empleado jerárquico en un juzgado. Está cansado de darle vueltas, en silencio, a un amor sin esperanzas y se hartó de evocar un crimen que afectó su vida y la de sus seres más próximos y queridos. Por eso, cansado de su cansancio, decide escribir, contar, levantar la pesada piedra de silencio con que ha ocultado, durante más de veinte años, todo aquello. Pero, y de esto se va percatando Espósito cuando termina un borrador, no se puede volver al pasado sin que cobre vida y no se puede librar de la fría presencia de los fantasmas una ve Leer más Juan José Campanella se aparta de los prototipos urbanos, de las historias cálidas y simples de sus anteriores películas, pero mantiene el deseo de reflejar una galería humana que trata de resolver sus problematizadas existencias, vistas a través de diversos ángulos en los que el misterio cumple un rol de significativa importancia.
El eje central de este thriller es Benjamín Espósito, un solitario sesentón que acaba de jubilarse como empleado jerárquico en un juzgado. Está cansado de darle vueltas, en silencio, a un amor sin esperanzas y se hartó de evocar un crimen que afectó su vida y la de sus seres más próximos y queridos. Por eso, cansado de su cansancio, decide escribir, contar, levantar la pesada piedra de silencio con que ha ocultado, durante más de veinte años, todo aquello. Pero, y de esto se va percatando Espósito cuando termina un borrador, no se puede volver al pasado sin que cobre vida y no se puede librar de la fría presencia de los fantasmas una vez convocados.
A medida que ese hombre memora aquel 1974 en que debió intervenir en el caso de una mujer asesinada, su memoria recae tanto en Irene, compañera en el juzgado y amor imposible, como en Sandoval, su buen amigo y mano derecha en el trabajo, por momentos lúcido como pocos, de golpe acorralado por su adicción al alcohol. Los tres se internan en el esclarecimiento de aquel despiadado crimen. Todos, de una u otra forma, se verán involucrados en el tenso clima político en el que ocurre el episodio.
Sobre la base de un impecable guión que Campanella elaboró con Eduardo Sacheri, autor de la novela original, el film retrata con enorme calidez y no menos talento dramático un juego de secretos, de mentiras y de verdades.
Campanella no necesita recurrir a inútiles golpes bajos y logra el clima casi mágico requerido para que ésta, su nueva producción, no resulte un simple melodrama. Sabe, sin duda, ubicar su cámara en el ángulo exacto y en el momento justo. Escenas como las del partido de fútbol o las finales, con un indudable tinte del mejor cine negro, son algunas de las muestras de su talento, apoyado a su vez en los excelentes trabajos de Darín, Villamil y Francella.
El secreto de sus ojos es un film que, sin duda, dará mucho y bueno de que hablar, una obra que, en suma, enorgullece al cine nacional.
Adolfo C. Martínez
Fuente: La Nación - A. C. Martínez
Si una idea anidaba hasta ahora en el cine de Juan José Campanella, era la de que todo tiempo pasado fue mejor. En esa Arcadia, el Alzheimer aún no había minado a la venerada mamá, el padre conocía el secreto del tiramisú y el negocito familiar, el club de barrio y los sentimientos estaban a salvo de la desalmada modernidad. En su regreso al cine, un lustro después de Luna de Avellaneda, la vuelta de Campanella al pasado se ve investida del signo contrario: no representa ya la recuperación del paraíso perdido, sino un infierno olvidado, que se hace presente otra vez. La más oscura, seca y trágica de sus películas hasta la fecha, El secreto de sus ojos es también la menos expuesta a simplonerías nostálgicas, sensiblerías balsámicas y apelaciones generalistas. Su sentido no depende de un consenso extracinematográfico previo: va siendo construido por el propio relato secuencia a secuencia, como se supone debería ser.
Dos breves autorreferencias dan a pensar que el ca Leer más Si una idea anidaba hasta ahora en el cine de Juan José Campanella, era la de que todo tiempo pasado fue mejor. En esa Arcadia, el Alzheimer aún no había minado a la venerada mamá, el padre conocía el secreto del tiramisú y el negocito familiar, el club de barrio y los sentimientos estaban a salvo de la desalmada modernidad. En su regreso al cine, un lustro después de Luna de Avellaneda, la vuelta de Campanella al pasado se ve investida del signo contrario: no representa ya la recuperación del paraíso perdido, sino un infierno olvidado, que se hace presente otra vez. La más oscura, seca y trágica de sus películas hasta la fecha, El secreto de sus ojos es también la menos expuesta a simplonerías nostálgicas, sensiblerías balsámicas y apelaciones generalistas. Su sentido no depende de un consenso extracinematográfico previo: va siendo construido por el propio relato secuencia a secuencia, como se supone debería ser.
Dos breves autorreferencias dan a pensar que el cambio de marcha es consciente y asumido. En una de ellas, ese alter ego de Campanella que siempre fue Ricardo Darín tira a la basura la escena que acababa de escribir, llena de añosas cursilerías. Más adelante es el personaje de Soledad Villamil el que echa por tierra con otra escena escrita por él, una acumulación de tics “románticos” que la película simuló hacer propia, hasta el punto de usarla como fragmento de apertura. El movimiento entre presente y pasado le da esta vez estructura a la película, que se basa en la novela La pregunta de sus ojos y que su autor, Eduardo Sacheri, coescribió junto a Campanella. Darín es Benjamín Espósito, veterano de los Tribunales que decide acogerse al retiro y escribir una novela. En ella intenta reconstruir un episodio trágico, que no puede olvidar: la violación y muerte de una maestra, causa llevada por su despacho a mediados de los ’70. Para que lo ayude con algunos detalles, y de paso para volver a verla, Espósito acude a la doctora Irene Menéndez Hastings (Villamil), que en aquel entonces recién se iniciaba y ahora es fiscal de la Nación. Reabrir el caso, ahora literariamente, será reabrir las más profundas heridas. Una de las cuales es, para Benjamín, no haberse animado jamás a confesarle a Irene lo que siente por ella.
Los grandes sentimientos están, esas pasiones de melodrama italiano siempre presentes en el cine de Campanella y que incluyen aquí, además del gran amor sofocado (no sólo por Espósito), el altruismo del protagonista, en un momento en que hacerse el Quijote podía significar la muerte (Argentina, 1977) y la trágica lealtad a toda prueba de que hacen gala Espósito y su mejor amigo. Reaparece también el sentido del humor, que, como en una sitcom (Campanella trabaja, buena parte del año, en la tevé estadounidense), aflora en diálogos llenos de chistes y chascarrillos, en esta ocasión al servicio de una verdadera arqueología del habla porteña en los ’70. Una diferencia con el cine previo del realizador, y de no poca importancia, es el peso que adquiere el personaje femenino, en los films anteriores poco más que un objeto (romántico, de veneración o a la zaga del hombre, como en El mismo amor, la misma lluvia). Linda, piola e inteligente, la doctora Hastings sabe hacerse un lugar en el muy masculino mundo de los Tribunales, usando el humor y la ironía, hasta ahora patrimonios exclusivos del varón.
Pero si hay en la película un salto cualitativo, éste procede de un giro imprevisto, que allá por la mitad del relato proyecta al orden de lo histórico-siniestro lo que hasta ese momento no pasaba de mero asuntito de crónica policial. A partir de allí la película entera se densifica y resignifica, poniendo al sorprendido espectador frente al más profundo horror de la época. Es cierto que, con alguna excepción (el épico acercamiento en helicóptero a la cancha de Racing, en un momento clave), la puesta en escena no siempre acompaña ese salto a las profundidades, quedando apresada en la clase de corrección naturalista propia de lo que se llama “televisión de calidad”. También es cierto que cierto deus ex macchina romántico, casi en tiempo de descuento, parece puesto para aliviar al espectador de la carga de tragedia acumulada.
En donde se confirma la infalibilidad de Campanella es no sólo en la dirección de actores, sino en su elección y transformación. Rubión y con arrugas de maquillaje, elogiar a Darín sería, a esta altura, un pleonasmo. La que alcanza una intensidad inédita es Soledad Villamil: cada primer plano de sus ojos expresa, a borbotones, la clase de emociones que las formas judiciales aconsejan acallar. Dos son los cómicos obligados a salir brutalmente de su registro, y están uno mejor que el otro. Rubio y de anteojos, al Sandoval de Guillermo Francella el alcohol le pega mal y la lealtad lo vuelve trágico. Haciendo de comisario muy pesado, el contador de chistes José Luis Gioia es todo un hallazgo. Frente a ellos, el torvo madrileño Javier Godino desmiente aquello de que en una coproducción, los actores extranjeros están siempre de relleno.
Por Horacio Bernades
Fuente: Página 12 - H. Bernades Cines Argentinos - Chandler
Campanella y Darín son sinónimos de generar interés en el público. Algo que pocos pueden lograr en el cine nacional.. Tienen antecedentes como para hacerlo.
Y si a eso le sumamos a Francella en algo serio, no sería de extrañar que estemos frente a una de las películas argentinas más taquilleras del año.
Sería un horror que eso quede a manos de Esperando la carroza 2… POR FAVOR!!!!
Todas las película de Campanella me han gustado. Creo que todas se parecían un poco. Pero El secreto de sus ojos rompe un poco el molde. Nunca se había metido con una historia así.
Si bien todo el mundo la contará y la venderá como un policial, creo que la película excede un solo género. Tiene muchas capas en la narración. Se nutre de varias historias dentro de la historia central, y todas están muy bien manejadas.
Técnicamente, la película está muy bien filmada. Tiene un gran fotografía. Me gustaron los planos que hicieron, aunque en algún punto me pareció algo excesivo el us Leer más Campanella y Darín son sinónimos de generar interés en el público. Algo que pocos pueden lograr en el cine nacional.. Tienen antecedentes como para hacerlo.
Y si a eso le sumamos a Francella en algo serio, no sería de extrañar que estemos frente a una de las películas argentinas más taquilleras del año.
Sería un horror que eso quede a manos de Esperando la carroza 2… POR FAVOR!!!!
Todas las película de Campanella me han gustado. Creo que todas se parecían un poco. Pero El secreto de sus ojos rompe un poco el molde. Nunca se había metido con una historia así.
Si bien todo el mundo la contará y la venderá como un policial, creo que la película excede un solo género. Tiene muchas capas en la narración. Se nutre de varias historias dentro de la historia central, y todas están muy bien manejadas.
Técnicamente, la película está muy bien filmada. Tiene un gran fotografía. Me gustaron los planos que hicieron, aunque en algún punto me pareció algo excesivo el uso de las cámaras con objetos en primer plano desenfocados. Hay muchos.
Pero la realización de época está muy bien, porque no intenta hacer cosas exageradas. Es discreta por ese lado.
Igual hay un momento que la discreción queda de lado y sorprende gratamente. Me refiero a la escena del estadio. Hay un momento en el cual una cámara está a un par de cuadras de una cancha, y se va acercando y acercando y uno acostumbrado a ver estas cosas en el cine internacional, no cree que sea posible hacerlo acá… y les sale bárbaro! Una canchereada con una cancha que termina siendo una escena memorable para el cine nacional. Genial que se fijen en cositas así para enriquecer visualmente el relato.
Por la parte histórica quiero destacar algo. La película corre desde el vamos en dos tiempos, y uno de ellos es el año 75 o 76, con el gobierno de Isabel Perón (dicho sea de paso, muy bien ahí también el efecto aplicado). Y tiene que mostrar un poco a los personajes de esa época, pero en ningún momento cae en los lugares comunes. No son necesarios! Te pinta a los personajes y uno ya entiende todo de una. No se demora con eso y es loable.
Las actuaciones son varios párrafos aparte.
Todos queremos a Darín. Es como Johnny Depp. No conozco gente a la que le caiga mal, y es por el laburo que hizo siempre y por lo que transmite. Es está como siempre, y no hace falta reiterar que es el número 1.
Yo creo que Soledad Villamil es una muy buen actriz. Pero lo que hace en esta película es genial. Es una abogada joven en la década del 70 y es una señora fiscal 20 años después, dándole la credibilidad necesaria a cada uno de los papeles de manera brillante. Sus caras, sus gestos, sus charlas con el personaje de Darín… no se si alguna otra actriz le hubiera dado tanta credibilidad. Creo que es lo mejor de la película
Francella… que actor desperdiciado en el cine en estos últimos años!!! Ojalá le dieran muchos más papeles como este. Obvio que ves cositas donde uno dice “es Francella” pero seguramente el papel así lo exigía y le calzaba de manera ideal al gran Guille el llamado. Y no me vengan con que el bigote lo es todo! Su personificación es genial.
El papel de Pablo Rago, sin lugar a dudas es el más arriesgado, pero a mi me conformó. Tiene muy buenos momentos.
Y el resto del elenco se completa de muy buena manera. Es para destacar lo de Gioa como policía. Eso habla muy bien de quienes seleccionaron al casting, porque no se encasillaron, y personajes como el de Gioa uno lo encuentra en distintas profesiones. Otro gran punto de la película sin lugar a dudas.
La duración es la justa y el relato no cae en ningún momento, cosa que por ahí muchos le criticaban a La señal.
Sin lugar a dudas, El secreto de sus ojos es una nueva demostración de Campanella de que se puede hacer buen cine en la Argentina, que sea de interés natural para el público y no solo para festivales que no le importan a nadie.
El secretos de sus ojos, simplemente es una buena historia que merece ser vista.
Fuente: Cines Argentinos - Chandler
Camarógrafo
31,000