Martha Argerich, Conversación Nocturna (2003)
Título Original: Martha Argerich, Conversación Nocturna
Género: Documentario
Fecha de Lanzamiento: 2009-06-11 Ver otros estrenos de Junio 2009
Duración: 72 minutos.
Su estreno estaba previsto en el año 2003, se alternaban algunas filmaciones de archivo con el primer plano casi excluyente de la pianista hablando de sí misma. Pero la película no llegó a verse, Argerich no dio su aprobación. Ahora, llega a la pantalla grande. El director deja que sean el rost...
Su estreno estaba previsto en el año 2003, se alternaban algunas filmaciones de archivo con el primer plano casi excluyente de la pianista hablando de sí misma. Pero la película no llegó a verse, Argerich no dio su aprobación. Ahora, llega a la pantalla grande. El director deja que sean el rostro y las manos de Argerich las que cuenten la historia. Argerich y Gachot hacen una película que fluye en tiempo presente, donde una interpretación de 1979, otra de 1967 y un ensayo grabado en 2001 conviven en armonía.
Director: Georges Gachot
Protagonistas: Martha Argerich, Nelson Freire, Friedrich Gulda, Charles Dutoit, Jörg Faerber, André Prévin
"Para quien ama la música y admira a Martha Argerich este documental supone una experiencia apasionante. Un encuentro de cerca con la excepcional artista y una aproximación a sus pensamientos y sus sentimientos como tal; una oportunidad de curiosear en sus ensayos y de asistir a fragmentos de sus actuaciones -las más recientes o las que le dieron sus triunfos tempranos- y, sobre todo, la posibilidad de sentirse partícipe de una charla cordial, espontánea, sin ceremonias ni formalidades, en la que Martha derrumba a puro encanto y franca simpatía su legendaria imagen de personaje misterioso, huidizo, casi inaccesible." Así comenzaba la crítica, calificada como muy buena y firmada por Fernando López, que LA NACION publicó el 18 de septiembre de 2003, el día en que el estreno de Marta Argerich, conversación nocturna en el cine Cosmos debió ser suspendido a raíz de una intimación, presentada por representantes de la artista, según la cual ella nunca había autorizado el uso Leer más "Para quien ama la música y admira a Martha Argerich este documental supone una experiencia apasionante. Un encuentro de cerca con la excepcional artista y una aproximación a sus pensamientos y sus sentimientos como tal; una oportunidad de curiosear en sus ensayos y de asistir a fragmentos de sus actuaciones -las más recientes o las que le dieron sus triunfos tempranos- y, sobre todo, la posibilidad de sentirse partícipe de una charla cordial, espontánea, sin ceremonias ni formalidades, en la que Martha derrumba a puro encanto y franca simpatía su legendaria imagen de personaje misterioso, huidizo, casi inaccesible." Así comenzaba la crítica, calificada como muy buena y firmada por Fernando López, que LA NACION publicó el 18 de septiembre de 2003, el día en que el estreno de Marta Argerich, conversación nocturna en el cine Cosmos debió ser suspendido a raíz de una intimación, presentada por representantes de la artista, según la cual ella nunca había autorizado el uso de su imagen en una película.
Disipada ya la polémica, el estupendo documental dirigido por Georges Gachot, que había sido exhibido en más de 25 países y aplaudido en la quinta edición del Bafici, podrá verse desde mañana, en el Arte Cinema, según anuncia 791 Cine.
El gran mérito de Gachot -decía después el comentario- es "haber logrado superar las resistencias de la genial intérprete y generar la atmósfera confiable para que ella aceptara por primera vez sostener una conversación frente a una cámara y haber puesto su atención excluyente en la protagonista. Lo que importa en el film es ver y oír a Martha Argerich, no los recursos formales: la cámara es el puente entre ella y los espectadores, un testigo discreto que se vuelve imperceptible y por ello doblemente admirable, que sabe descubrir en el expresivo rostro o en las manos de la artista, en las inflexiones de su voz o en la sonrisa apenas insinuada, en la mirada pensativa o en la risa franca todo aquello que completa sus frases.". Y concluía: "Son abundantes los fragmentos dedicados al registro de sus actuaciones -una variedad que abarca desde los años adolescentes y que comprende obras de Dvorak, Beethoven, Lutoslavski, Piazzolla, Saint Saëns, Chopin, Bach, Ravel o Prokofiev hasta el prolongado tramo consagrado a Schumann-: no hace falta decir que sobran en ellos los momentos de belleza estremecedora. Al film sólo puede hacérsele un reparo menor y, sobre todo, inusual: los 72 minutos de proyección pasan demasiado rápido".
Fuente: La Nacion
En septiembre de 2003, mientras Martha Argerich se presentaba en el Colón por cuarto año consecutivo, luego de trece de no haberlo hecho, se anunció el estreno de Conversación nocturna. Se trataba de un film documental de Georges Gachot en el que se alternaban algunas extraordinarias filmaciones de archivo con el primer plano casi excluyente de la pianista hablando de sí misma. Pero la película no llegó a verse. Argerich no dio su aprobación, interpuso un recurso y el juez actuante determinó que las copias existentes se retiraran de circulación. Nunca se aclaró exactamente qué fue lo que hizo que ella, que había hablado a cámara durante horas y horas y que seguramente ya había visto el film, decidiera un acto semejante. La hipótesis más verosímil terminó siendo que la estrella había decidido proteger el derecho a la exclusividad de una de sus hijas, que supuestamente también haría un documental sobre ella. Ese segundo film nunca existió pero, a cambio, finalmente Leer más En septiembre de 2003, mientras Martha Argerich se presentaba en el Colón por cuarto año consecutivo, luego de trece de no haberlo hecho, se anunció el estreno de Conversación nocturna. Se trataba de un film documental de Georges Gachot en el que se alternaban algunas extraordinarias filmaciones de archivo con el primer plano casi excluyente de la pianista hablando de sí misma. Pero la película no llegó a verse. Argerich no dio su aprobación, interpuso un recurso y el juez actuante determinó que las copias existentes se retiraran de circulación. Nunca se aclaró exactamente qué fue lo que hizo que ella, que había hablado a cámara durante horas y horas y que seguramente ya había visto el film, decidiera un acto semejante. La hipótesis más verosímil terminó siendo que la estrella había decidido proteger el derecho a la exclusividad de una de sus hijas, que supuestamente también haría un documental sobre ella. Ese segundo film nunca existió pero, a cambio, finalmente, esta poderosa y descarnada conversación nocturna llega a los cines argentinos.
Milan Kundera narra, en el comienzo de La inmortalidad, el momento en que una mujer ya grande hace un gesto juvenil. En que la adolescente habita un cuerpo que ya no es el suyo. Martha Argerich es permanentemente esa mujer. Sus mohínes de Lolita genial y caprichosa, sus carcajadas repentinas, sus súbitos momentos de introspección y melancolía, atraviesan ese cuerpo –el de una mujer de más de cincuenta años– que ella no reconoce como suyo. “El otro día vi Gran Hermano”, dice, en el principio de la película. “No entiendo esa gente que quiere que vean su vida privada.” Y, por supuesto, a lo largo del film, no hace otra cosa que mostrar su vida privada. Y la muestra tanto en aquello que hace explícito como en sus ocultamientos. Mira a cámara y dice “no, apaguen la cámara”. En ese entregarse seguido de la retractación aparece el mismo gesto que la llevó a hacer retirar el film de la distribución.
Tal vez es en una de sus frases, “en la infancia es cuando sucede todo”, donde se encierra la clave. Gachot acierta al seguir el propio ritmo de la pianista. La deja ir y venir, deriva con ella. Y la figura del entrevistador está deliberadamente ausente. La cámara es una especie de espejo y es una niña, encerrada en otro cuerpo, casi disfrazada, la que juega a ser entrevistada. En el comienzo y en el final, Argerich toca junto a un niño prodigio del violín. Se muestra seducida, tal vez, más por la niñez que por el violín. No es ése, desde ya, el mejor momento musical. Verla a ella a los 16 años, en cambio, tiene una contundencia única. Y esa fantástica Partita en Do Menor de Bach que, en sus manos, se aproxima al jazz, vale por todo el documental. “Cuando toqué esa Partita en los Estados Unidos se me acercó un crítico de jazz a decirme que nunca la había oído así. Que yo la tocaba con swing. Por ahí es eso, ¿no? Se trata de tocar con swing”, reflexiona casi a solas. Y es posible que tenga razón. Que todo sea, al fin y al cabo, una cuestión de swing.
Fuente: Pagina 12
Conversación Nocturna combina notables interpretaciones de Martha Argerich con una curiosa entrevista.
Ante películas como Conversación nocturna, el documental que Georges Gachot realizó sobre la pianista argentina Martha Argerich, cabe plantearse algunas preguntas respecto al género “documental sobre artistas”, y su correspondiente análisis crítico: ¿qué se premia, se celebra, se critica al ver un filme como éste? ¿El talento de la artista, del director a la hora de mostrar su obra, la claridad, el didactismo, la comprensibilidad, el hallazgo de materiales, la entrevista en sí?
La pregunta tendrá distintas respuestas, obviamente, pero sólo una parece imponerse con claridad durante el transcurso del filme y no es ninguna de las citadas. Habría que hablar, en cambio, de un concepto de verdad cinematográfica, de transparencia, casi de pureza de materiales. Gachot deja que sean el rostro y las manos de Argerich las que cuenten la historia. No hay una biografía m Leer más Conversación Nocturna combina notables interpretaciones de Martha Argerich con una curiosa entrevista.
Ante películas como Conversación nocturna, el documental que Georges Gachot realizó sobre la pianista argentina Martha Argerich, cabe plantearse algunas preguntas respecto al género “documental sobre artistas”, y su correspondiente análisis crítico: ¿qué se premia, se celebra, se critica al ver un filme como éste? ¿El talento de la artista, del director a la hora de mostrar su obra, la claridad, el didactismo, la comprensibilidad, el hallazgo de materiales, la entrevista en sí?
La pregunta tendrá distintas respuestas, obviamente, pero sólo una parece imponerse con claridad durante el transcurso del filme y no es ninguna de las citadas. Habría que hablar, en cambio, de un concepto de verdad cinematográfica, de transparencia, casi de pureza de materiales. Gachot deja que sean el rostro y las manos de Argerich las que cuenten la historia. No hay una biografía mayor de la que está inscripta en esos territorios, en esos dedos que recorrieron escenarios en casi medio siglo de carrera (las primeras imágenes que se ven aquí datan de 1957), y en ese rostro que es aquel y no lo es. En expresiones casi sueltas, que combinan ligera seducción con ironía, y que se permiten el recuerdo pero siempre a resguardo de caer en la melancolía, Argerich y Gachot hacen una película que fluye en tiempo presente, donde una interpretación de 1979, otra de 1967 y un ensayo grabado en 2001 conviven en armonía.
No hay mejor historia que la que evita el dato de la biografía y en ese sentido el filme es ejemplar. Podemos adivinar casi todo de Argerich sin que lo diga nadie. Está en su pequeña anécdota infantil acerca de su relación con Paganini y con el Cuarto Concierto de Beethoven; en su humorístico racconto de su primera “cancelación” de un concierto o en su performance de la Partita en Do Menor de Bach.
Argerich abre el juego a la hora de combinar interpretación con biografía cuando comenta su relación personal con los compositores, cómo siente que Schumann es para ella “fácil” y cómo dos autores se pueden llevar mal entre sí (“se celan”) si elige interpretarlos uno tras otro.
Que los dedos de Argerich sean prodigiosos, que su sensibilidad nos atrape desde el primer momento o que los fragmentos elegidos sean o no los mejores de su repertorio será secundario. Aquí la verdad está dada porque esa persona que surge de la charla reaparece frente al piano, y no hay forma de comprender una sin la otra. Hay un decir elusivo de Argerich que es el decir de sus manos sobre el piano. No hay más secretos. Los agregados —algunos planos porteños, otros costeros— no sirven más que para “airear” la cuestión, necesidad algo banal si se quiere. Con el impecable combo rostro y manos es más que suficiente. Como el notable Saluzzi, sobre otra figura indomable de la música argentina, el documental esquivo no sólo parece una idea impecable, sino la única posible.
Fuente: Clarin