Crítica - Leonardo M. D'Espósito
Werner Herzog no es un cineasta: es una fuerza de la naturaleza. Sus películas, llenas de personajes y paisajes más grandes que la vida, pintan unpanorama preciso de la imaginación. Es cierto; como cualquier artista, tiene obras mayores y menores. Pero en cualquier caso está aparte del resto del cine. Films como Fitzcarraldo, Aguirre, la ira de Dios, Woyzeck o La salvaje y azul lejanía son películas en voz alta, cuyo desquicio sólo es aparente en la medida en que sus personajes viscerales –a tono con las fuerzas naturales que representan– colman la pantalla. Se trata en realidad de films precisos, donde cada plano tiene un sentido no necesariamente narrativo.
El gran tema de Herzog es el contraste entre lo humano y la naturaleza, la necesidad del ejercicio del poder –y sus límites. Por lo demás, es claro que de lo humano le interesan las vísceras, y que el mundo vegetal, animal y mineral le son mucho más afines. Cualquier material que pueda reflejar esa preferencia Leer más Werner Herzog no es un cineasta: es una fuerza de la naturaleza. Sus películas, llenas de personajes y paisajes más grandes que la vida, pintan unpanorama preciso de la imaginación. Es cierto; como cualquier artista, tiene obras mayores y menores. Pero en cualquier caso está aparte del resto del cine. Films como Fitzcarraldo, Aguirre, la ira de Dios, Woyzeck o La salvaje y azul lejanía son películas en voz alta, cuyo desquicio sólo es aparente en la medida en que sus personajes viscerales –a tono con las fuerzas naturales que representan– colman la pantalla. Se trata en realidad de films precisos, donde cada plano tiene un sentido no necesariamente narrativo.
El gran tema de Herzog es el contraste entre lo humano y la naturaleza, la necesidad del ejercicio del poder –y sus límites. Por lo demás, es claro que de lo humano le interesan las vísceras, y que el mundo vegetal, animal y mineral le son mucho más afines. Cualquier material que pueda reflejar esa preferencia es bueno para Herzog: Un maldito policía en Nueva Orleans, basado en el film original de Abel Ferrara pero, por suerte, sin su insistencia en la simbología católica que lastraba la famosa película.
La historia es la de un detective, adicto a los analgésicos –y a toda clase de drogas, además del juego–, que debe investigar el asesinato cruel de una familia africana. Lo interesante del personaje es que, a pesar de sus abusos de autoridad y de ser absolutamente disoluto, es verdaderamente un buen detective. Nicolas Cage demuestra, una vez más, que es mejor cuando hace papeles desatados e imprevisibles. Su trabajo se vincula con el que realizó en El beso del vampiro, film de culto de 1988 donde Cage imitaba al Klaus Kinski de Nosferatu; film –claro– de Werner Herzog. El actor parece extraño y familiar, trágico y divertido, al mismo tiempo y en cada plano. Mérito del tándem actor-director. Ambientar el film en el Nueva Orleans del inmediato post Katrina agrega algo importante: la naturaleza está desbocada y permite que el comportamiento gigantesco del personaje de Cage tenga su correlato en el ambiente.
Hay algo de alucinatorio en la puesta en escena, aunque jamás Herzog opta por algún efecto especial para subrayarlo: simplemente deja que el elemento extraño se note en el plano: iguanas que cantan, cocodrilos moribundos, tiburones en la pared. El mundo natural es la alucinación de la razón.
Herzog filma Nueva Orleans –y Estados Unidos– como lo hizo en La balada de Bruno S., alejado del lugar común tanto de las luces urbanas como de la miseria campesina. Nueva Orleans es el cruce de caminos entre lo atávico y lo primitivo y lo moderno; eso mismo es el personaje. De lo insólito, de las reacciones únicas y naturales demasiado naturales, de la invención desprejuiciada pero precisa del realizador surge el humor –un humor raro y oscuro, ese que Tim Burton no logró en la Alicia que lanza este mismo jueves– que impregna todo el film.
Paradójicamente, este Maldito policía es una película alucinatoria de dimensiones tan humanas que se vuelve gigante. Se disfruta y se sufre, como una montaña rusa. O, para ser fiel a Herzog, como recorrer descalzo y corriendo todos los Himalayas.
Fuente: Crítica - Leonardo M. D'Espósito Escribiendo CIne - Emiliano Basile
Basada en el film Un maldito policía (Bad Lieutenant, 1992) de Abel Ferrara, Un maldito policía en Nueva Orleans (Bad Lieutenant, 2009) de Werner Herzog , levanta vuelo propio sin intentar ser una nueva versión del original, a partir del tono irónico que le imprime el director de Aguirre, la ira de Dios (Der Zorn Gottes, 1972) a todos los personajes de la película.
El teniente Terence McDonough (Nicolas Cage), es un detective corrupto que utiliza todo el poder que su placa le da, a cambio de su propio beneficio, sin detenerse en cuestiones éticas ni morales. Siempre al margen de la ley –aunque es un representante de ella- continúa su accionar, cuyas consecuencias lo pondrán cada vez más, al borde de perderlo todo. Pero el mundo en el cual se desenvuelve es quizás tan corrupto como él, hecho que lo ubica con las mismas chances de perder su placa como de ser ascendido.
Werner Herzog confronta a sus personajes con su contexto en toda su filmografía, desde Aguirre, la i Leer más Basada en el film Un maldito policía (Bad Lieutenant, 1992) de Abel Ferrara, Un maldito policía en Nueva Orleans (Bad Lieutenant, 2009) de Werner Herzog , levanta vuelo propio sin intentar ser una nueva versión del original, a partir del tono irónico que le imprime el director de Aguirre, la ira de Dios (Der Zorn Gottes, 1972) a todos los personajes de la película.
El teniente Terence McDonough (Nicolas Cage), es un detective corrupto que utiliza todo el poder que su placa le da, a cambio de su propio beneficio, sin detenerse en cuestiones éticas ni morales. Siempre al margen de la ley –aunque es un representante de ella- continúa su accionar, cuyas consecuencias lo pondrán cada vez más, al borde de perderlo todo. Pero el mundo en el cual se desenvuelve es quizás tan corrupto como él, hecho que lo ubica con las mismas chances de perder su placa como de ser ascendido.
Werner Herzog confronta a sus personajes con su contexto en toda su filmografía, desde Aguirre, la ira de Dios, pasando por Fitzcarraldo (1982), hasta Rescate al amanecer (Rescue dawn, 2008). La locura humana deviene del no poder darle un orden lógico al universo en el cual el hombre vive. La impronta “natural” desestabiliza a los hombres en su ambición de poder dominador. En Un maldito policía en Nueva Orleans, un sunami causa un caos natural que viene a afectar indirectamente a todas las criaturas de Nueva Orleáns. El Apocalipsis ecológico se hace presente desestructurando las leyes morales que ordenan el universo social.
La clave está en la distancia que toma Werner Herzog de todas sus criaturas, partiendo del protagonista interpretado por Nicolas Cage. Y si hablamos de “todas sus criaturas” es porque el director le da espacio a una serie de reptiles –los cuales por momentos utiliza como puntos de vista, distanciándose así del punto de vista de los humanos del film- entre ellos serpientes, iguanas, lagartos y cocodrilos; que aparecen en específicos puntos de la trama, marcando esa extraña sintonía entre el hombre y su contexto.
Mediante estos recursos, Herzog nos introduce en un relato cuyas acciones del personaje principal desbordan los límites de la decadencia, pero no para hacer una reflexión moral cristiana como en el caso de Ferrara, sino yendo mas allá, al mostrar la decadencia de todos los habitantes de Nueva Orleáns. Incluso con el correr de los minutos, convierte esa decadencia en un orden instalado, aceptado y institucionalizado, en el cual “todos” sus seres tienen razón de ser. Éstas actitudes de los protagonistas adquieren coherencia en ese universo apocalíptico en el cual se desarrolla la acción.
Un maldito policía en Nueva Orleans termina siendo una ácida critica, en donde Werner Herzog se permite una reflexión sobre las normas sociales, fundando su punto de vista en la distancia que mantiene de ese universo, con los reptiles como recurso simbólico y -como recurso estético- el tono irónico, develando a través del mismo, todas las grietas posibles de los cánones establecidos.
Fuente: Escribiendo CIne - Emiliano Basile
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